El Perdón como Herramienta Clínica en Terapia Individual y de Pareja
El objetivo del artículo es presentar una revisión de los conceptos más relevan tes de la Psicología del Perdón y su aportación al trabajo clínico. Así, se exponen las cuestiones centrales sobre el concepto, las dimensiones y la definición del perdón, se revisan las principales clasificaciones de tipos de perdón y se señalan sus efectos sobre la salud y el bienestar, así como las implicaciones para el trabajo con situaciones de experiencias de ofensa. En el ámbito de la terapia marital, se revisan los principales estudios centrados en el perdón en las relaciones de pareja, las variables más frecuentemente relacionadas con el perdón marital y su uso en el trabajo clínico con parejas. Palabras clave: psicología del perdón, perdón, práctica clínica, terapia marital
Cuando en una relación entre dos personas una resulta dañada como consecuencia de una agresión o una acción de la otra, se produce en un primer momento una experiencia subjetiva de “no-perdón”. Esta experiencia que sigue a un daño es un compuesto de respuestas cognitivas, afectivas y frecuentemente conductuales.
Williamson y Gonzalves (2007) describieron las respuestas más frecuentes del no-perdón, identificando, en el nivel afectivo, sentimientos de rabia, dolor, tristeza, confusión y una sensación de traición. En el nivel cognitivo, entre los pensamientos más comunes se encontraban las representaciones ofensivas del ofensor, fantasías o pensamientos de venganza, preguntas de por qué se ha comportado así el ofensor o si la víctima ha tenido alguna culpa en lo acontecido y pensamientos de finalización de la relación con el ofensor. En el nivel conductual, la mayoría de los sujetos de su muestra mostraban comportamientos de evitación del ofensor o de distanciamiento en su presencia, mientras que sólo algunos expresaban su rabia o su dolor llorando o enfrentándose con el ofensor.
La experiencia negativa del no-perdón puede mitigarse de varias maneras, no necesariamente perdonando: aceptando el daño, haciendo re-atribuciones de los sucesos y circunstancias relacionados con la ofensa, manejando el estrés relacionado con el suceso, o mediante el control de la ira consecuente a la ofensa. El perdón es, por tanto, un recurso (entre varios) para manejar o superar este malestar.
Nos parece interesante la propuesta de Lawler-Row et al (2007), según la cual el concepto de perdón se podría aprehender mediante tres dimensiones:
1. Tipo de respuesta: admite tres niveles, según los cuales el perdón puede ser experimentado como una conducta (ej. reconciliación), una emoción (dejar ir los malos sentimientos); o como un pensamiento, que puede ser especifico (sobre el hecho o el ofensor) o una actitud general (como creer que nadie es perfecto).
2. Dirección del cambio: puede ser el abandono o la reducción de las respuestas negativas (lo que se conoce como dimensión negativa del perdón, ya que implica la eliminación o desaparición de algo), o la aparición de emociones, pensamientos o respuestas positivas (dimensión positiva del perdón); el sujeto puede emplear un tipo de cambio, el otro o los dos.
3. Orientación, que admite dos niveles: el intrapersonal, centrado en sí mismo, o interpersonal, centrado en el otro. Los sujetos pueden emplear tanto un nivel como el otro o ambos en su concepto de perdón.
Estos autores proponen que se abandonen los intentos de intentar definir el perdón como si fuera un constructo simple y unidimensional, considerando que el perdón tiene múltiples dimensiones y que incluye diferentes posibilidades tanto en orientación, en dirección como en formas de respuesta. Puede haber, por lo tanto, distintos caminos para experimentar el perdón; cuando un camino resulte imposible para una persona, es posible considerar que existen otras rutas. No habría, pues, un único modo correcto de expresar el perdón; para unas personas estará relacionado con un sentimiento o una emoción, mientras que para otros se expresará mediante pensamientos o conductas.
El perdón en la clínica
En el ámbito clínico se han
propuesto distintas intervenciones diseñadas para estimular el perdón, que
tienden a centrarse en el daño de
la ofensa y a dar tiempo para que la víctima exprese sus reacciones, pensamientos y sentimientos. Todas
tienen en común el trabajo sobre los siguientes puntos:
1. Reconocer la existencia de
la ofensa y su importancia. Evitar la negación de la violación de la relación,
a la vez que se evita la reacción
exagerada en el sentido contrario, magnificar el daño; este primer paso tiene como objetivo ver la ofensa
con más perspectiva (objetivarla y reducir los sentimientos de victimización innecesarios).
2. Intentar considerar el
punto de vista del ofensor. Varios autores señalan que uno no puede perdonar
sin entender al agresor (Andrews,
2000). En el proceso de perdón deben estar presentes, según Hargrave (1994) entre otros momentos
el “darse cuenta”, que permite a la víctima reconocer y modificar los patrones destructivos que perpetúan
los actos injustos, y el “entendimiento” que permite el reconocimiento de las limitaciones del agresor
sin quitarle responsabilidad. El acto del perdón incluye la discusión de conductas lesivas anteriores y
muestra patrones relacionales alternativos. Si no hay contacto con el agresor, entonces las perspectivas de
un entendimiento genuino se reducen. El perdón no sigue siempre al entendimiento, pero un perdón que
no está basado en el entendimiento, según Andrews (2000), está incompleto. Perdonar una acción es un
acto influenciado por nuestra capacidad de entenderlo (incluso si la ofensa no es algo que nos imaginaríamos
capaces de hacer). Para entender por qué he sido dañado, debo entender primero el mundo del
agresor. Esto es más que una estrategia para llegar al perdón, es algo central
en él.
3. Sentir empatía con el
agresor. Aquellos sujetos que perdonan al agresor tienden a mostrar altos
niveles de empatía. Wade y Worthington
(2003) consideran la comprensión o el entendimiento del ofensor por parte de la víctima importante,
pero sólo porque permite que tenga lugar el componente fundamental del perdón: la empatía. La empatía
sería, pues, un predictor crucial del grado de perdón o no-perdón que la víctima siente hacia el ofensor.
De hecho, las intervenciones que han tenido éxito promoviendo la empatía de la víctima hacia el
ofensor han ayudado también a estas víctimas a perdonar, encontrándose correlación entre empatía y
disminución del no-perdón. Parece que el efecto facilitador que tienen las disculpas y la expresión de
arrepentimiento es el de incrementar el sentimiento de empatía en la víctima,
lo que facilita el perdón. Ver el
malestar o el sufrimiento del agresor por su acción nos ayuda a ponernos en su
lugar y hacer reatribuciones más
positivas (dicen algunos autores que esto se debe a que ya le vemos pagar parte de su “condena” con ese
sufrimiento, se equilibra el daño).
4. Recordar ocasiones en las
que nosotros mismos hemos sido ofensores y nos hemos sentido agradecidos por recibir el perdón de
otros.
El perdón en las relaciones
de pareja
Aunque en el ámbito de las
relaciones de pareja se ha establecido frecuentemente la importancia que tiene el perdón a la hora de
establecer unas relaciones gratificantes y satisfactorias sin
embargo han sido escasas las
investigaciones centradas en el estudio del perdón y su papel en las relaciones
de pareja, así como su presencia en el ámbito
terapéutico. Esto ha podido deberse, entre otras razones, a la ausencia de
modelos conceptuales adecuados, a
las dificultades existentes a la hora de establecer con precisión el concepto
de
perdón así como a la unión
estrecha de este proceso con aspectos de índole religiosa lo que dificultaba su
manejo en el ámbito de la
terapia. Esta situación ha cambiado significativamente en los últimos años
incrementándose los estudios sobre esta
temática, así como el desarrollo de protocolos de intervención dirigidos a
abordar de una manera específica las
dinámicas de perdón en el ámbito de la terapia de pareja.
En el contexto de las
relaciones maritales los estudios sobre el perdón se han centrado especialmente
en analizar la relación existente
entre el perdón y distintas variables significativas en una pareja como la
satisfacción marital, el compromiso o el
manejo de conflictos. Otro campo de estudio relevante se ha dirigido a examinar las dinámicas de perdón en un
contexto concreto de transgresión como es la infidelidad.
El perdón y la
calidad de la relación marital
Los estudios llevados a cabo
para estudiar la relación entre el perdón y distintas variables relacionadas
con la calidad de la relación
como los niveles de satisfacción maritales experimentados, la intimidad o el
compromiso han puesto de manifiesto
la asociación positiva entre ambas variables. Una mayor presencia de
perdón se ha relacionado con mayores niveles de satisfacción marital, de equilibrio de poder entre los cónyuges
y relaciones maritales más cercanas y mejor ajustadas. Sin embargo estos estudios de carácter
correlacional no han permitido identificar la dirección de esta asociación.
Para analizar la posible
relación causal entre el perdón y la calidad en la relación se han llevado a
cabo estudios longitudinales que
buscan identificar el tipo de influencia que puede darse entre estas variables.
Distintos estudios
longitudinales dirigidos a examinar la relación entre el perdón y el compromiso
muestran la estrecha interacción entre
ambas variables, aunque no existen datos claros sobre la dirección causal entre ellas. Los resultados obtenidos en los distintos estudios han puesto
de manifiesto que el perdón
incrementa el compromiso y la cercanía entre los miembros de la pareja así
como, aunque en menor medida, el
efecto del compromiso sobre el perdón ya que un mayor compromiso predice descensos en las dimensiones
negativas del perdón.
El perdón y la
infidelidad
En las relaciones de pareja
la infidelidad es una de las acciones más devastadoras, después del maltrato, y que frecuentemente acarrea la
separación y la ruptura. La infidelidad implica el quebrantamiento de un compromiso de exclusividad
sexual y/o emocional, sin el consentimiento expreso de la pareja. El
conocimiento de dicha transgresión
desestabiliza la relación generando pérdida de confianza y altos niveles de
conflictividad, desmoronando el sentimiento
de unión e intimidad compartida. Con frecuencia el miembro de la pareja
traicionado experimenta sentimientos
intensos de ira y rabia; se siente humillado e indefenso. Frecuentemente su
sintomatología se asemeja a la
experimentada por personas que padecen un trastorno de estrés postraumático. El cónyuge transgresor suele
experimentar intensos sentimientos de culpa, vergüenza y también ira y rabia en
la medida en que sus actuaciones
orientadas a la reconciliación no se muestran eficaces.
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